miércoles, 2 de marzo de 2011

Llegaste a mi vida.

Deje de esperar al amor después de la cantidad de idiotas que pasaron por mi vida. Lo hice después de una larga lucha, ¡Vaya que luché! Lo buscaba debajo de cada banco del secundario, detrás de cada cortina de salón; y por qué no? he de admitir que también, al fondo de cada trago y en cada sábado a la noche. Pero en mi búsqueda, a las única conclusión que llegaba, era que el amor no estaba hecho para mí, o peor aún, que quizás yo no estaba hecha para el amor. Me rendí y dejé de buscar. Y fue tan sólo cuando dejé de buscar, que apareciste en mi vida. No se cómo, no recuerdo muy bien cúando, y muchos menos por qué, pero se que cuando llegasté, cambiaste mi forma de ver la vida, mi espacio, me diste un poco de locura, y me enseñaste a disfrutar de cada día. Y fue teniéndote en mi vida, que descubrí lo hermoso que es dormirme en tus brazos, despertarme con tus besos, que me acaricies y me hagas mimos, que me toques el pelo, que me respires en mi hombro izquierdo y me de cosquillas, que me mires a los ojos y me digas "Me encanta estar con vos, mucho... mucho, mucho". Mi vida entera cambió, hoy puedo decir que me encuentro muy bien, que soy feliz, y por último, que también aprendí que de nada sirve apurar al tiempo o querer darle instruccionas a Cupido.

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